Cuál es la situación de las mujeres en la educación #mexicana

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De acuerdo con cifras del INEGI (2020), en México residen 65 millones de mujeres: 25% son niñas entre 0 a 14 años, 25% jóvenes de 15 a 29 años, 38% adultas de 30 a 59 años, y 12% adultas mayores de 60 años o más. De esta población, el 60.6% de las mujeres de 3 a 29 años asiste a la escuela.

Y aunque en México, de acuerdo con la UNESCO, en el nivel medio superior hay una mayor representación de mujeres comparada con hombres, el mismo INEGI observa que de la población de 15 años y más, 6 de cada 10 personas sin educación son mujeres.

Estos datos revelan que uno de los desafíos en la educación mexicana es el acceso igualitario a la educación, a la cobertura de educación de calidad y oportunidades de aprendizaje permanente para las mujeres y niñas del país.

Para Andrea Valenzuela, rectora de la Universidad Latinoamericana (ULA), estos números indican que aún tenemos importantes retos que atender, principalmente en las diferencias culturales del país respecto a la equidad de género. “En el caso de México en nivel medio superior, los números pueden considerarse alentadores: tenemos el 86.4% de representación de las mujeres, frente a un 78.6% de los hombres. Sin embargo, de acuerdo con datos de la UNAM y la SEP, durante el 2020 se dio la baja del 3% de mujeres respecto al 2019, mientras que para los hombres el porcentaje fue del 1%”, asegura la regente.

Si bien el acceso a la educación superior para las mujeres en México no está restringido abiertamente, la realidad es que existen múltiples factores socioculturales que lo obstaculizan. La rectora de la Universidad Tres Culturas (UTC), Ludivina Herrera, explica que “por ejemplo, las mujeres se dedican cinco veces más que los hombres a labores domésticas. Principalmente en los estados más pobres de la República, ya que la mujer es una pieza fundamental de aporte económico a la economía familiar, o por causa de embarazos tempranos, la mujer suele quedar rezagada en educación antes que el hombre en una misma familia”.

A estos factores se suman otros aspectos en desarrollo profesional y cultura laboral que hacen que la brecha de género se amplifique y sea significativa. La misma rectora lo explica con cifras: del 45% de mujeres que tienen oportunidad de trabajar, sólo el 5.2% tendrá acceso a una posición directiva y ganará en promedio 34% menos que un hombre en igualdad de circunstancias. En cuanto a avances en los poderes mexicanos, sólo el 30% de las posiciones del Gobierno Federal son ocupadas por mujeres.

Esto se debe en gran medida a razones culturales propias de México y también a las prácticas discriminatorias que muchas veces ocurren en las empresas, lo cual ha dado como resultado que menos de 1 de cada 5 mujeres egresadas en educación superior en México participe en el mercado laboral, lo que representa una tasa de inactividad tres veces mayor que la de los egresados varones. Así lo explica Andrea Valenzuela de la ULA, quien además añade que “no existen políticas empresariales de inclusión y desarrollo para mujeres a posiciones de liderazgo que incentiven que una mujer estudie, se gradúe y colabore en su comunidad. Sólo el 5.2% de mujeres participan en Consejos de empresas que cotizan en la Bolsa, comparado con un promedio de 20% de participación de mujeres en los países de la OCDE”, detalla.

Los desafíos para que una mujer estudie y se gradúe en México se acrecientan con el contexto de desigualdad a nivel económico, político, cultural y social que se vive en el mundo. Existen exigencias sociales y familiares en cuanto al rol de la mujer, y estereotipos como considerar más aptos a los hombres para posiciones directivas o para ciertas carreras.

En estudios superiores que se denomina como “carreras blandas” ocurre mayor participación femenina, por ejemplo: Psicología, Pedagogía, Educación, Trabajo Social, Turismo, Administración y Enfermería. En México, sólo 1 de cada 3 mujeres estudian Ciencias o Matemáticas, denominadas “carreras duras” junto con otras como Física, Ingeniería, Informática, Arquitectura o Economía.

En ese sentido, ambas rectoras coinciden en que las instituciones de educación superior en el país deben tomar un rol más activo y mayor responsabilidad en promover la inclusión en carreras consideradas como “masculinas”. La ULA ha hecho una revisión de su programa educativo para incluir temas de género dentro de sus materias transversales, mientras que la UTC ha elegido a mujeres como líderes de carrera como en la Ingeniería de Sistemas de la universidad donde tienen a una directora para motivar a sus estudiantes y mostrar que la carrera también es para mujeres.

Redistribuir las oportunidades educativas y los beneficios laborales es necesario para cerrar las brechas de género que existen en la educación mexicana. Desde su papel de liderazgo como rectora de la UTC, Ludivina Herrera asegura que “es muy importante trabajar por esta igualdad y allanar el camino para nuestras estudiantes en cuanto a abrirles la mente y la visión con experiencias internacionales, proyectos conjuntos con otras instituciones, convenios que permitan certificar y profesionalizarse y, sobre todo, la claridad y el reconocimiento de sus fortalezas y empoderamiento personal”.

Por su parte, la rectora Andrea Valenzuela de la ULA puntualiza que las instituciones educativas necesitan plantear nuevos esquemas de financiamiento, para poder lograr una mayor inclusión que se refleje tanto a nivel matrícula como a nivel de liderazgo femenino al interior del sistema educativo. “Revisando datos de las universidades alrededor del mundo, no hay muchas mujeres en posiciones de liderazgo. Existe una sobrerrepresentación de mujeres en niveles de entrada y mandos medios, pero claramente hay una segmentación vertical que impide que las mujeres asuman posiciones de liderazgo en el sector educativo. De acuerdo con la UNESCO, en 2020 sólo el 18% de las Universidades en parte de Latinoamérica son lideradas por mujeres, una cifra que es mejor comparada con Europa, donde sólo el 15% son rectoras. Este es un desafío que hay que afrontar”, finaliza.

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