De fábrica de papel con más de 300 años de historia a hotel de lujo #Marketing

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El pasado se comunica con el presente, casi siempre, de manera limitada: el arte se va diluyendo en diversas sensibilidades que mudan de década a década; muchos textos y testimonios escritos se borran, queman u olvidan, y el entorno se modifica según las necesidades de cada época, incluso del propio clima. Pocas cosas se mantienen tan intactas frente al paso del tiempo como la arquitectura, que, si bien su funcionalidad y propietarios pueden cambiar, su diseño, materiales y origen difícilmente se transforman.

Aunque existen icónicas construcciones en importantes ciudades como la CDMX que sirven de ejemplo para este último punto –entre iglesias, catedrales, palacios y edificios públicos con cientos de años existencia–, hay pequeños sitios, lugares escondidos en esta capital, por ejemplo, que también guardan entre sus muros importantes testimonios, recuerdos y andanzas de sus primeros habitantes. Entre éstos se encuentra Hacienda Peña Pobre, un lugar que nos remite a la historia del hijo de un hombre que cambió el porvenir de un región entera con su sólo arribo.

Hernán Cortés, individuo que se asocia inmediatamente con la palabra “conquistador”, consolidó, a través de su propia experiencia personal, el modelo de colonización de la Nueva España: el mestizaje, teniendo a un hijo con una mujer indígena que es conocida La Malinche. El hijo fue bautizado como Martín Cortés y reconocido por el marqués, pero trayendo consigo esa mezcla de sangre que representaba impureza para aquella época.

Martín, a pesar de su estigmatizado origen, se desenvolvió rápidamente en la sociedad del Virreinato de la Nueva España, adquiriendo propiedades en distintos puntos de la ciudad, incluyendo una hacienda en un lugar del sur conocido ahora como el Bosque de Tlalpan. Dicha Hacienda funcionó como una fábrica de papel gracias el empleo de molinos papeleros, industria fundamental en el terreno de la evangelización ya que de ahí surgían los libros y documentos de divulgación para las comunidades indígenas.

La fortaleza de la industria papelera llevaría a la Hacienda a laborar durante varios siglos bajo el nombre de Fábricas de Papel Loreto y Peña Pobre hasta 1985. El cierre de la fábrica se presentó como una posible debacle para esta emblemática construcción, como muchas otras que comparten esta misma historia pero caen en el abandono hasta derrumbarse y convertirse en sólo polvo de lo que fueron. Para evitar esta situación, la empresa de hospitalidad DECU HOTELS® compró la antigua Hacienda y se dio a la tarea de renovarla hasta convertirla en un lujoso hotel, conservando sus elementos originales gracias a la labor del despacho Rafael Sama Arquitectos.

Después de una delicada y puntual renovación, que fue vigilada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ya que se trata de un espacio cultural protegido por esta organización, la Hacienda se convirtió, en 2010, en hotel lleno de tranquilidad que mantiene la complicada simpleza de una estructura con cientos de años de historia, encontrando los toques de personalidad no sólo en las fachadas y la arquitectura, sino también en los objetos originales, como un incinerador de papel, puertas y formas que nos remiten inmediatamente a su pasado y primeros momentos.

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