El coronavirus y tus emociones #Marketing

154 0

“Nos vemos por la camarita”, fue lo último que me dijo una compañera después de que dejamos la oficina, el último día que trabajamos desde nuestras instalaciones corporativas. Conforme avanzan los días, más y más profesionistas van a trabajar desde casa y, poco a poco, sus empresas y las instituciones del país generan documentos y piezas varias de información, para ayudarles a crear tanto un ambiente como una rutina de trabajo desde sus hogares.

Muchos de estos escritos dan ciertamente muy buena información acerca de temas como: establecer horarios, mantener el contacto con tus colegas por medio de plataformas de comunicación digital, fijar metas a alcanzar en el día y en la semana, etc., pero muy pocos dan cuenta de lo que sucede cuando, dentro de un sistema de aislamiento, prestamos poca o nula atención a la gestión de nuestras emociones.

“El hombre es un animal social por naturaleza”, es una frase del filósofo Aristóteles. Como tal, nosotros estamos conformando, permanentemente, comunidades; en nuestras empresas, con nuestras familias, amigos, en pareja, etc. O lo que es lo mismo, las personas naturalmente buscan acompañarse de otros, aún en los entornos más hostiles. Dentro de estos grupos de personas, la solidaridad y el apoyo mutuo entre los miembros es un elemento indispensable para que dichas personas puedan tener una mejor calidad de vida, y puedan contar con un sistema de contención para momentos de crisis o que representen un reto.

En el marco de la pandemia decretada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ¿qué impactos tiene el adoptar una modalidad de aislamiento para poder minimizar el riesgo de contagio, al máximo?

En el caso de las personas que habitan el mismo espacio con otros, el aislamiento puede no ser total, pero, aun así, puede detonar efectos colaterales, por ejemplo, sobre nuestras emociones.

¿Qué es una emoción?

La palabra emoción procede del latín emovere, que significa remover, agitar o excitar, y es una reacción psicofisiológica que representa un modo de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo relevante.

Nuestras emociones, por ende, son una respuesta a lo que es y sucede en nuestro entorno.

¿De qué forma puede afectar la crisis sanitaria relacionada con el COVID-19 a nuestras emociones?

Al ser seres naturalmente sociales, el aislamiento puede detonar emociones relacionadas con la ansiedad o la tristeza. Estos sentimientos pueden ser alimentados por la gran cantidad de información con connotaciones alarmistas que se encuentran en redes sociales y que vemos en la televisión. Si bien hoy en día la información con la que contamos es abundante, mucha de ella no está bien fundamentada, es falsa o cubre los temas desde una perspectiva poco objetiva.

Como explica la experta en neurociencia, Catherine Franssen, nuestro cerebro está especialmente diseñado para consumir mensajes negativos y no dejarlos pasar. La parte que responde ante lo que está viendo es la emocional y menos racional del cerebro. Esta atención a lo negativo es inmediata y hasta cierto punto, escapa a nuestro control, generándose así una reacción en cadena que es difícil de controlar.

Otro factor fundamental relacionado al aislamiento es que podríamos estar dejando de lado los espacios o tiempos dedicados a jugar o llevar a cabo actividades lúdicas. Escuchar hablar sobre la importancia del juego en la niñez es más común que oír hablar de ello en la edad adulta, aunque últimamente este paradigma se está modificando. Uno de los beneficios fundamentales de jugar, es encontrar en ello la oportunidad de relajarnos, ahuyentando así el estrés, la depresión, la ansiedad y algunas otras emociones similares. Además, cuando el juego implica movimiento, estamos poniendo a trabajar el cuerpo, liberando así endorfinas, la hormona conocida como la de la felicidad. Al encontrarnos dentro de espacios reducidos, nuestras alternativas para jugar y/o llevar a cabo actividades que nos distraigan de la rutina diaria, se ven de igual forma reducidas.

Dentro de las crisis sanitarias, hay un tema que no es menos importante que los antes mencionados, y es que, para evitar contagio, se pide limitar al máximo el contacto afectivo con otros seres vivos. Dejar de tocar al otro, dejar de besar a un ser querido, dejar de abrazar, ¿tiene algún impacto en nosotros? La respuesta es que, en mayor o menor medida, sí, ya que los afectos también son algo inherente a las personas. De acuerdo con un estudio realizado en la Universidad de Duke, en Estados Unidos, las personas necesitamos recibir abrazos y caricias desde que nacemos. Las muestras de cariño derivadas del contacto físico juegan un rol importante en el desarrollo de las neuronas y, para que estas no mueran, es importante estimularlas desde temprana edad. De acuerdo con dicho estudio, las muestras físicas de afecto aportan calma, disminuyen la ansiedad, la tristeza y el estrés, estimulan la autoestima, transmiten apoyo y generan una sensación de protección.

¿Qué hacer para mitigar el impacto?

Te doy 10 recomendaciones:

  1. Para poder meditar no es necesario ser un experto en la materia. Basta empezar con cinco minutos al día, concentrándote en tu respiración y entrando en contacto contigo mismo. Puedes recurrir a alguna meditación guiada en YouTube para empezar a sentirte cómodo con esta práctica.
  2. Platica más. Ya sea con las personas con las que vives, por teléfono o por videollamada. Hablar con gente conocida o querida, reducirá las emociones que nos genera el no poder estar en contacto físico con ellas.
  3. ¡Crea dinámicas divertidas en casa! Pinta con acuarela, dibuja patrones sobre hojas, baila tu canción favorita, desempolva los juegos de mesa. Genera espacios lúdicos y que motiven la creatividad.
  4. Toma tu baño diario y prepárate para el día usando ropa que te guste. Tal vez usar la pijama todo el día, no sea la mejor forma para auto motivarte.
  5. Establece objetivos individuales y/o colectivos, y prémiate por alcanzarlos.
  6. Haz una dieta informativa. Elige los canales informativos que te aporten valor, y que no contribuyan a aumentar emociones que no te sumen en este momento. Elige cuidadosamente la información que consumes y la que compartes con los demás.
  7. Cambia de ambiente. Un día puedes pasar más tiempo desde tu comedor, otro día desde tu sala y otro día desde ese pequeño escritorio en tu recámara. Cambia de ambiente para ir dándole pequeños giros a tu rutina diaria. ¡Asegúrate de tener una buena ventilación e iluminación en ellos!
  8. Piensa en grande. ¿Hay algún oficio que te gustaría aprender o algún negocio que quisieras echar a andar? ¡Es el momento para aprender y para planear lo necesario! Utiliza parte de tu día para leer sobre ello y crear un plan que puedas echar a andar pasada la contingencia. El crear planes relacionados con intereses nuestros, será una gran fuente de motivación.
  9. Ordena tu mente y tu casa. Muchas veces las tareas del día a día no nos permiten ordenar algunas cosas en casa. Aprovecha este momento para hacerlo y en el proceso verás que esas actividades ayudarán también a ordenar ideas en tu cabeza. Muchos estudios científicos señalan que las personas que viven en casas ordenadas viven más relajadas y sufren menos estrés.
  10. Un día a la vez. Recuerda que ninguna etapa en la vida es permanente. Pensar que una situación puede “tardarse mucho” en mejorar, te generará una carga emocional adicional. ¡Prepárate y vive cada día en su individualidad y disfruta lo que consigas en cada uno de ellos!

Related Post