Hablé con… un #teenager

832 0

Por Michael Convey

Director de Convey Publicidad

Me senté con un “teenager” tratando de confirmar las investigaciones que he encontrado sobre el uso de las redes sociales en este sector social. Es un “chavo” de 14 años, terminó la secundaria, se hace llamar @jac._.2006 y cuando era niño tenía un canal en YouTube que se llamaba @jaconlinemx. Como la mayoría de las personas de su edad, lo primero que vi fue un chamaco absorto en el teléfono; el dedo índice hacía un movimiento monótono sobre la pantalla que acompañaba una imagen tras otra –¿Instagram es lo que más usas? –. Probablemente si fuera su padre ni siquiera me hubiera dirigido la mirada, pero como estábamos en medio de la entrevista, de inmediato apagó el teléfono y me respondió con una ligera sonrisa –Sí, bueno, depende para qué, o sea, si quiero ver videos pues obvio uso YouTube, pero ahí no chateo, más bien para eso a veces mejor prefiero Whats, aunque con mis amigos uso Insta, el Whats es para la escuela, pero…– y siguió trastabillando por algunos minutos tratando de explicarme el uso de sus redes sociales y como dividía a sus círculos de amistades en ellas.

En su inentendible descripción, encuentro pocas novedades, cumple con las estadísticas: YouTube es la red más usada por adolescentes, seguida de Instagram; el tercer lugar es la única incógnita, las investigaciones ponen a Snapchat, sin embargo, él habla de TikTok.

–¿Cuánto tiempo pasa en redes sociales? –. También tengo mis datos, pero quería ver que tan certeros eran. –No mucho, un rato en la mañana, a veces en la tarde o cuando no tengo nada qué hacer, pero pues tal vez sea una hora y media máximo –. Lo dijo con tal seguridad, que estuve a punto de creerle. Su madre dice que “todo el día está pegado”, la mayoría de las investigaciones son un poco menos alarmistas, dicen que el promedio está en 3 horas diarias (aunque hay otros estudios que llegan a mencionar un promedio de hasta 9 horas diarias), aunque en contacto con el teléfono están doce horas, según otras fuentes. Es un hecho que con la pandemia este consumo subió mucho, se calcula que los jóvenes aumentaron en un 170 % el uso de redes sociales.

–Y ¿qué ves en YouTube? –. No sé si era la mejor de las preguntas, pero ante sus respuestas preferí ser directo. –Pues a veces videos de música, deportes y a algunos youtubers –. Volvió a tener mi confianza, tenía lógica y más cuando le cuestioné sobre la credibilidad a estos supuestos influencers. –Pues sí los sigo y sí los veo, algunos están muy cagados, pero pues cuando presentan algo ya sé que es pagado, así que como que creerle pues no mucho –. Y es que, según otro estudio, 1 de cada 3 adolescentes sigue perfiles de marcas pues les gusta mantener contacto directo con estas, pero solo el 34 % dice creer en los dichos personajes.

Para los adultos, cada que hablamos sobre el uso de redes sociales entre nuestros hijos o sobrinos, siempre sale que es peligrosísimo y que han perdido toda la intimidad. Siempre sale el cuento de “¿se acuerdan de que solo había un teléfono en casa y te castigaban por usarlo más de 5 minutos, porque se cobraba por minuto?”, pero desde mi perspectiva, nunca he estado en contra del uso de las redes sociales, pues aunque los psicólogos aconsejan que los niños tengan contacto con estas después de los 13 años, creo que debemos entender que es la forma en la que se relacionan con su mundo, un niño de clase media o en escuela de paga que no tiene teléfono y redes sociales en primaria, termina por ser apartado del grupo.

Casi al final del encuentro, buscaba algún punto en común con el entorno adulto. –¿Twitter y Face? ¡No! Eso más bien lo usan los viejitos, las clásicas tías y las abuelitas –. La incomodidad que me hizo sentir al usar los adjetivos “viejitos” y “abuelitas” me obligaron a terminar la conversación… Decidí no decirle que sigo usando ICQ.

Related Post