Hablé con… una #AmadeCasa

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Por Michael Convey

Director de Convey Pulicidad

Hablé con una ama de casa, su nombre es Nayeli, tiene 42 años, es mamá de un niño de quince años y una niña de 13. Trabaja como maestra, esto la hace parte del 57% de las mujeres de la Ciudad de México que trabaja y además atiende el hogar. Se le podía ver un tanto inquieta, algo nerviosa. Llegó muy puntual a la cita, en especial quienes fungen como responsables del hogar suelen tener muy medido su tiempo, sus actividades las obligan a no perder un solo minuto en su día. –¿Mucho trabajo? – su cara con cierta pena, me responde mucho antes de que ella pudiera decir cualquier palabra –¡Uff! Muchisisísimo – Esto de utilizar superlativos o exageraciones también es mucho de este sector social: “te he dicho millones de veces”, “ya es tardisisísimo”, “tarde años en pasar”, “estoy cansadísima”, “nadie nunca me hace caso”.

Después de un rato de estar platicando, Nayeli toma confianza, cada vez habla más y me es más difícil seguirla; me da detalles minuciosos de cada cosa y suelta nombres con una familiaridad como si viviéramos en la misma casa –…a Ivette, que ya sabes que casi nunca llega, le digo que, si Lola no le va a entrar, pues el Ingeniero tendrá que tomar cartas en el asunto, porque yo sola con Isabel no puedo… –. Por lo poco que pude entender diario se enfrenta a muchos problemas en la escuela, que, por lo visto, está un tanto desordenada. No puedo comprobarlo, pero he conocido muchas mujeres que dentro de su trabajo desarrollan un instinto maternal que las hace querer arreglar los problemas de todos.

Cuando terminó de hablar sobre su ocupación, traté de guiar las preguntas sobre el resto de su día, lo cual se me hizo aún más difícil de seguir, pues entre limpieza, comida, tareas, extraclases, cuidados, compras y visitas, me empecé a sentir muy avergonzado de estarle quitando el tiempo con la entrevista. Y aunque parezca exagerado, puedo creer que su día sea así de complejo después de saber que, en general el sector social al que pertenece Nayeli, ocupa el 74% de su tiempo en las labores domésticas.

La plática continuó casi como un monólogo, mis intervenciones eran pocas pues cada respuesta tenía veinte mil vertientes (Dios bendito, estoy exagerando… ¿dije Dios bendito? Creo que me estoy dejando manipular por mi entrevistada).

Inocentemente, le pregunto si fuera posible simplificar su día, hacer menos actividades o cambiar de trabajo. Ella me ve con ternura y puedo leer en su mirada “pobre tonto”, pues, aunque acaba “cansadísima”, también está complacida con lo que hace. Al igual que ella, el 20% de las amas de casa laboran por necesidad, pero les gusta ser independientes, tener su propio dinero y, aunque pudieran, no dejarían su trabajo.

Ahora que conocí un poco más de las amas de casa, me doy cuenta de lo machista que resulta este y muchos otros países latinos, pues con todo y que el quehacer de casa en mayor medida es hecho por mujeres, apenas el 27% de las familias mexicanas dicen tener “Jefa de hogar”.

Si además de todas las tareas que me contó Nayeli, agregamos el tiempo que dedica al Facebook, al Whatsapp y a las llamadas en general, me parece de lo más sensato que las estadísticas demuestren que las responsables de las tareas del hogar encabecen las listas en lo que a depresión, estrés, insomnio, artrosis y problemas vasculares se refiere.

La plática pudo durar varias horas más de lo previsto, pero preferí terminarla antes de ser regañado por no levantar mi taza de café o porque no he entregado mis tareas.

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