La historia del #vapeo, un producto de nicotina sin combustión que nació en 1930

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Desde el siglo XIX se sospechaba que el cigarrillo convencional podía generar daños sobre la salud, lo que dio paso a diversas investigaciones científicas que ayudaron a que se innovará para desarrollar productos como el vapeo y que sirvieran como alternativas para dejar de fumar. Sin embargo, hasta la fecha no han cesado los prejuicios y la desinformación entorno a su uso y su impacto en la salud. El vapeador forma parte de los Productos de Nicotina Sin Combustión (PNSC), los cuales hacen una simulación del consumo del tabaco, sin que se genere una quema de los más de 70 químicos tóxicos y cancerígenos que se originan en los cigarros tradicionales.

Bajo este contexto, Red Somos Innovación, una alianza de individuos e instituciones dedicada a implementar soluciones innovadoras en Latinoamérica, acaba de presentar el Índice Global de Políticas Anti-Tabaco Efectivas, en el que hace una recopilación de investigaciones científicas, reducción de daños y políticas contra el tabaquismo, además de mostrar momentos históricos clave para entender cómo ha venido evolucionando su participación y aceptación.

Evolución de la comercialización del dispositivo de vapeo y cigarro electrónico

La primera referencia documentada de un cigarrillo electrónico es una patente en 1930, aunque nunca se comercializó. Después, Herbert A. Gilbert recibió una patente en 1965 y creó prototipos, pero tampoco logró comercializarlos. En 1979 Phil Ray trabajó con su médico personal Norman Jacobson para crear la primera variante comercializada del dispositivo de vapeo basada en la evaporación de la nicotina; el producto llegó al comercio minorista pero no prosperó en el mercado. Fue hasta el 2003 que el primer cigarrillo electrónico creado en Pekín, China, tuvo éxito comercial. Años más tarde, en abril del 2006 los cigarrillos electrónicos se introdujeron en Europa y comenzaron a importarse a EEUU.

Primeros esfuerzos para contener los daños ocasionados por el cigarro convencional, y la búsqueda de alternativas

En 1962, el Royal College of Physicians (RCP) de Londres en el Reino Unido publicó un reporte titulado “Smoking and health”, siendo el primer estudio que compilaba gran evidencia científica demostrando la fuerte relación epidemiológica entre el tabaquismo y el cáncer de pulmón, entre otras enfermedades y dolencias.

Ya en 1998, las cuatro mayores empresas tabaqueras de Estados Unidos firmaron “El Acuerdo Marco sobre el Tabaco” que obligaba a la industria a desembolsar cientos de miles de millones de dólares para hacer frente a los costos médicos asociados a las enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Además, se impusieron restricciones a la publicidad de las empresas tabacaleras, y se fomentó la creación de organizaciones para el control del tabaco con campañas de prevención.

 

En 2007, el RCP creó otro documento en el que detallaba que la principal razón por la que los fumadores utilizaban tabaco era por su contenido de nicotina, pero que ésta en sí misma no es especialmente peligrosa y que si se pudiera proporcionar en una forma aceptable y eficaz como sustituto del cigarrillo se podrían salvar millones de vidas. El reporte recomendaba reformar la legislación y política sanitaria focalizando las restricciones sobre el tabaco y no sobre la nicotina; favoreciendo el uso de productos que proveyeran nicotina sin combustión para permitir a los fumadores abandonar el hábito o suplantarlo por otro menos dañinos.

 

El comienzo del debate alrededor de los vapeadores

En marzo del 2008 la Organización Mundial de la Salud (OMS) proclama que no considera que el cigarrillo electrónico sea una ayuda legítima para dejar de fumar. En este año también se inicia una batalla de medidas legales por parte de los gobiernos, y un gran debate en el ámbito científico a favor y en contra de los beneficios de los cigarrillos electrónicos y el vapeo.

Nuevamente en 2016 el RCP publicó otro reporte de actualización llamado “Nicotine without smoke: Tobacco harm reduction” en el que enfatiza la reducción de daños sobre el tabaquismo por medio del uso de instrumentos que podían contener nicotina pero evitaban la combustión, focalizándose en el vapeo y sus dispositivos. Resalta la importancia de un correcto marco regulatorio para asegurar estándares de calidad sin inhibir los avances e innovación en estos productos y rechazaban los miedos respecto de que resultaran una puerta de entrada para los jóvenes, ya que son usados como alternativas más seguras para los fumadores que intentan reducir el daño que el tabaco les causa a ellos o a los demás, o para dejar de fumar por completo.

2019, un año clave para la desinformación y miedos hacía el vapeo

En 2019, ocho adolescentes de Wisconsin fueron hospitalizados con los primeros casos conocidos de una misteriosa lesión pulmonar, bautizada en EEUU como “lesión pulmonar asociada al dispositivo de vapeo” (EVALI por sus siglas en inglés). Los denominados Center for Control and Diseases (CDC) aconsejaron al público que no usarán dispositivos de vapeo, independientemente de su condición de fumador actual y sin ninguna aclaración de que los productos de vapeo de THC con acetato de vitamina E, eran los que se habían demostrado asociados con el brote de dichas lesiones pulmonares y no los dispositivos de vapeo en general. Meses después gracias a varios investigadores y expertos, los CDC confirmaron finalmente que esto era la causa del problema.

La situación actual y el futuro que se requiere

El 27 de julio de 2021 la OMS publicó el nuevo informe sobre la epidemia mundial de tabaquismo pidiendo seguir aplicando las directrices de control del tabaco que la institución promueve hace tiempo. En este continúan con su campaña en contra de productos electrónicos de administración de nicotina en el mercado y dudan respecto de la efectividad de los mismos como herramientas para la reducción de daños.

Al mismo tiempo, el RCP, la misma institución en dar a luz el primer informe contra el tabaquismo, es de las principales en recomendar su combate, utilizando las herramientas más modernas al alcance: los dispositivos de vapeo y el vapeo.

Se vuelve fundamental escribir una historia distinta en la que los gobiernos regulen sus políticas para la reducción de daños con este tipo de alternativas que pueden ayudar a salvar millones de vidas al año. De no hacerlo, los usuarios que componen una demanda que continúa existiendo, se ven empujados a la ilegalidad, en un escenario donde el reclamo, la calidad, la trazabilidad y la seguridad se ven fuertemente vulneradas. Si te gustaría conocer más sobre el tema del vapeo en el mundo, visita https://www.somosinnovacion.lat/  para conocer el Índice Global de Políticas Anti-Tabaco Efectivas con todos los detalles.

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