La prohibición de dispositivos de #vapeo en México conducirá a un mercado negro masivo

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Diversos estudios, como el realizado por el gobierno del Reino Unido, han demostrado que los vapeadores y cigarros electrónicos son 95% menos dañinos que el cigarrillo convencional y que, a largo plazo, son una alternativa real que ayuda a las personas a disminuir el consumo de tabaco y a dejar de fumar.

Sin embargo, a pesar de las ventajas que representa el vapeo, el 1 de junio pasado el presidente Andrés Manuel López Obrador firmó un decreto oficial que prohíbe la circulación y comercialización de vapeadores y cigarros electrónicos, dejando a un lado que, a lo largo de la historia, las prohibiciones han demostrado generar más perjuicios que los beneficios que originalmente buscan, y el vapeo no será la excepción.

Pero ¿por qué prohibir el vapeo fomentará más el mercado negro de vapeadores?

Esencialmente, porque prohibir su circulación y comercialización no evitará que las personas “necesiten” la utilización de este tipo de dispositivos y que éstas busquen cómo satisfacerla. Al estar prohibidos estos productos, solo podrán satisfacer su necesidad a través de un “mercado negro”, es decir, con productos no regulados y que tienen el riesgo de generar verdaderos daños a la salud.

Quienes tengan la “iniciativa suficiente” y la “habilidad necesaria” para circular y comercializar estos productos aun cuando esté en contra de la ley, lo harán, no importando si los productos que venden tienen el potencial de perjudicar a quién los consuma.

Así ha sucedido ya en otras ocasiones, y esta no será la excepción. Y es que los productos relacionados con el vapeo que son falsificados son mucho más baratos y están relacionados con posibles enfermedades pulmonares “misteriosas” e incluso con la muerte de algunos de sus consumidores, según se ha reportado desde hace varios años.

Experiencias pasadas relacionado con otros productos que han causado controversia son un buen ejemplo para observar cómo las prohibiciones no contribuyen a combatir el problema, sino al contrario, fomentan el mercado negro y todas las consecuencias que este implica, como violencia, productos dañinos, no regulados y aumento en el consumo de lo que se quiere erradicar.

Al estar prohibido un producto, este no está regulado y por consiguiente, aquellos que estén dispuestos a romper la ley y que estén en posibilidades de adquirir productos sin regulación, generarán un mercado en el que proliferarán productos “pirata” que pondrán en riesgo la salud de sus consumidores. Y aquellas personas que estén dispuestas a romper la ley, también se verán en la necesidad de defender su cuota de mercado de otros que estén realizando actividades similares y a cualquier costo, incluso si esto implica la violencia.

Las evidencias de lo perjudicial que pueden ser las prohibiciones están a la vista.

Entre el 27 de marzo y el 17 de agosto de 2020, el gobierno sudafricano impuso una prohibición a todos los productos de tabaco y vapeo como parte del confinamiento por COVID, y este es un caso perfecto para observar cómo estos vetos no ayudan a lograr el objetivo deseado, es decir, erradicar el consumo.

De acuerdo con un estudio realizado para analizar los resultados de esta medida, el 93% de los fumadores sudafricanos continuó comprando cigarrillos a pesar de la prohibición de la venta y la mayoría lo hizo a través de canales informales, es decir, el mercado negro. Además, el precio promedio de los cigarros aumentó en 250% con relación al costo previo al confinamiento.

Otro ejemplo puede observarse en el consumo de alcohol. Entre 1920, el año de la prohibición de alcohol en Estados Unidos, y 1933 (el año en el que se eliminó), el consumo de alcohol, que es lo que deseaba disminuir, aumentó entre 60 y 70%.

Pero la prohibición no solo no hizo que las personas empezaran a beber, sino que permitió el crecimiento de un mercado negro que sumió a Estados Unidos en una era violenta en la que el transporte y la venta de bebidas alcohólicas ilícitas se convirtió en un buen negocio para bandas armadas que, al igual que las que hoy controlan el narcotráfico, luchaban internamente y cobraban muertos producto de sus enfrentamientos. En consecuencia, la tasa de homicidios de esos años no paró de aumentar.

Pero la eliminación de la prohibición llegó en 1933 y las cifras de los años siguientes reflejaron los numerosos beneficios de la medida.

La eliminación de la prohibición trajo una disminución en la tasa de homicidios que se prolongó durante 10 años y el consumo cayó a niveles 30% menores que antes de su prohibición, según señalan cifras del National Bureau of Economic Research de Estados Unidos.

Prohibir el vapeo no es la solución al consumo de tabaco, al contrario. Está demostrado que esta actividad ayuda a dejar de fumar y a controlar la ingesta de nicotina, tanto que gobiernos como el del Reino Unido, ha anunciado que está próximo a recetar cigarrillos electrónicos regulados como un remedio para ayudar a dejar de fumar.

Este tipo de dispositivos no producen monóxido de carbono ni alquitrán, dos de los elementos más tóxicos que produce la combustión del cigarro convencional, además, no hay evidencia de que el vapor sea dañino para la gente que rodea a quien los usa.

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