Transgresión de la #imagen

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Por: Carlos González

El streaming ha ganado terreno en los últimos años, pues además de ofrecer a las personas usuarias la comodidad de la televisión a demanda, los títulos que podemos encontrar en este tipo de plataformas engloban todo tipo de géneros, desde programas infantiles, películas y reality shows hasta documentales y bioseries. Estas últimas se han convertido en tema de controversia debido a que muestran episodios en la vida privada de personajes públicos que no están del todo comprobados y que muchas veces atentan contra su imagen. En el caso de la serie Crown, que muestra la vida dentro del palacio real inglés, fue tal la polémica que el ministro de cultura exigió a la producción que incluyeran un anuncio en el que se informara a el público que asiste a la representación que se trata de una obra de ficción basada en hechos históricos.

Algo similar sucedió con Pam y Tommy, una serie que revive el famoso caso de la filtración de un video de carácter sexual que involucraba a Pamela Anderson y Tommy Lee en 1995, la cual se hizo sin el consentimiento de los perjudicados, y aunque el propósito de la serie era reivindicar la imagen de estos personajes, la realidad es que el uso, exhibición y reproducción de la imagen de cualquier persona sin su autorización además de ser un delito, representa un daño moral para ellos, para sus familias y puede tener repercusiones en su vida personal y laboral.

Aunque pueda parecer un tema sencillo, la realidad es que se trata de una disyuntiva legal: por un lado, es necesario proteger la intimidad y la imagen de las personas en las que se basa la historia, pero también se debe proteger el derecho a la libertad de expresión y creación de quien decide exponer el tema. Lo que se debe ponderar es hasta qué punto la ley puede proteger a uno sin perjudicar al otro; lo que es un hecho es que el derecho de libertad de expresión no puede estar por encima, y su límite está determinado por el ejercicio del derecho de imagen de otra persona.

Un caso mucho más cercano es el del actor mexicano Gael García Bernal, quien desde 2012 abrió un caso contra la compañía Diageo, representante de la marca de whisky Johnnie Walker, por el uso no consentido de su imagen en la campaña “Caminando con Gigantes”. En 2017, el actor ganó la demanda y recibió una indemnización equivalente al 40% de los ingresos obtenidos por la venta del licor en todas las zonas en las que se distribuyó la campaña y durante el tiempo que se mantuvo vigente.

Legalmente, cada país ha tratado este tema de forma distinta. En España, por ejemplo, es válido siempre que no exista una clara intención de perjudicar o difamar a los personajes aludidos y la jurisprudencia española dicta que cuando se trata de ficción, es completamente legal exagerar y tomarse licencias creativas, pero cuando hablamos de productos ceñidos a la realidad, como un documental, éstos deben ser fieles a la realidad. El Tribunal Europeo de los Derechos Humanos se rige bajo estos mismos lineamientos, pero ha determinado que cuando la ficción y la crítica son exageradas, puede existir una sanción por incitar a la violencia y al odio contra una persona.

El derecho a la imagen es un derecho fundamental, por lo que cada persona debe consentir el uso de su imagen por otra persona o medio. En el caso de la fotografía, si ésta tiene fines publicitarios, se debe solicitar una autorización, pues de lo contrario se estaría vulnerando la intimidad del individuo. Pero en el caso de figuras públicas, quienes ostentan cargos políticos o proyección pública, como los actores, su imagen puede ser utilizada sin consentimiento para fines exclusivamente informativos de acontecimiento público. No será necesario el consentimiento cuando se trate del retrato de una persona que forme parte menor de un conjunto o la fotografía sea tomada en un lugar público y con fines informativos o periodísticos.

Es posible autorizar el uso de la imagen a cambio de un beneficio monetario siempre que se firme un acuerdo entre las partes o se obtenga una declaración unilateral en el que se especifiquen el uso y las condiciones bajo las cuales se utilizará. Por lo tanto, antes de emprender cualquier tipo de actividad comercial en la que se pretenda utilizar la imagen de un tercero, lo mejor es asegurarse de obtener, por escrito, una autorización en la que se señalen los términos generales por los cuales se regulen los medios, soportes, fines, remuneración y plazos de sus usos para evitar contingencias legales, pero sobre todo para prevenir un detrimento moral o patrimonial sobre la imagen de un individuo.

 

Carlos González

Socio de BC&B, con más de 18 años de experiencia en la materia de Propiedad Intelectual. Es abogado graduado por la Universidad Iberoamericana.

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