Uso de #algoritmos para una mejor toma de decisiones empresariales y laborales

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Desde hace más de 50 años se cuentan con estudios que revelan que un algoritmo puede ayudar a tomar mejores decisiones. Durante los años sesenta, investigadores del Oregon Research Institute (ORI) encontraron que diferentes profesionales de la salud, como radiólogos o incluso psiquiatras, podían tener errores en sus predicciones, más que un algoritmo.

Tras décadas de investigación en psicología y economía del comportamiento, se ha documentado que existen dos tipos de decisiones en las que un algoritmo, creado correctamente, puede resultar más preciso que las personas especializadas en ciertos temas o campos.
Al primero se le denominó Sistema 1, por el psicólogo y premio Nobel, Daniel Kahneman, y se refiere a las decisiones que se toman de manera intuitiva. En dichas resoluciones, que son tomadas de manera rápida y por medio de procesos cognitivos inconscientes, pueden predominar las impresiones creadas por información incompleta y reacciones emocionales.
Un ejemplo, comenta Carlos Ganoza, CEO de Quantum Talet, es que cuando se debe tomar una decisión sobre algún elemento del trabajo, podemos estar influenciados por la empatía que nos genere esa persona y que nuestro juicio sobre su desempeño en el puesto no sea real.
Uno de los estudios más reveladores sobre los sesgos inconscientes en decisiones de personal laboral,  mostró la manera en la que los directores de orquestas sinfónicas de élite en Estados Unidos tienden a contratar a más mujeres cuando las audiciones son a ciegas, es decir, cuando el candidato toca tras una cortina. Ya que cuando los evaluadores no conocen el género del candidato, tienden a contratar a 50% más mujeres.
Por el contrario, cuando ven a la persona en la audición, inevitablemente el Sistema 1 activa sesgos inconscientes que perjudican a las mujeres y por lo tanto eligen en su mayoría a hombres.
Andrew NG, profesor de la Universidad de Stanford y uno de los investigadores líderes en inteligencia artificial, considera que la mayoría de las decisiones tomadas en pocos minutos o segundos, serán eventualmente reemplazadas o asistidas por algoritmos.
Ahora, el segundo tipo de decisiones, denominadas Sistema 2, son aquellas que en apariencia, se toman de manera consciente y reflexiva, pero en las que termina predominando la intuición del Sistema 1.
Dichas resoluciones son más complejas y no necesariamente las personas pueden recibir un feedback inmediato sobre su decisión, lo que resulta en un proceso de aprendizaje más limitado. Por lo tanto, a pesar de que se intente llegar a un resultado más analizado, la persona en cuestión combinará la intuición con el análisis.
Un ejemplo de ello lo encontramos en un grupo de radiólogos estudiados por el ORI, quienes perdían contra un algoritmo al momento de diagnosticar cáncer de estómago, esto debido a su inconsistencia, ya que los diagnósticos eran diversos, a pesar de contar con radiografías similares. Ahí se demuestra que la intuición puede ser muy errática.
A pesar de estos ejemplos y estudios, el objetivo de un algoritmo no es dejar a un lado la inteligencia humana, sino al contrario, potenciarla. Sabemos que un algoritmo puede resultar superior a un razonamiento humano, pero jamás,  nada será superior a la combinación entre el pensamiento humano y el uso de un algoritmo.

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