Vapear es legal en Estados Unidos, ¿por qué no lo es en México?

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La historia de Estados Unidos con relación a los cigarros electrónicos es un antecedente para entender la importancia de seguir impulsando la legislación de este tipo de productos –sobre los que otros gobiernos, como el de Reino Unido, ya han reconocido sus beneficios–, a pesar de la prohibición en la circulación y comercialización de este tipo de dispositivos que persiste en nuestro país.

Al igual que en México, en Estados Unidos los cigarros electrónicos comenzaron a venderse sin regulación. En 2006, estos dispositivos llegaron a ese país y poco a poco empezaron a cobrar mayor popularidad.

A partir de ello, distintas organizaciones comenzaron a presionar a la autoridad en la materia, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), para que los regulara.

Sin embargo, la primera reacción de dicha autoridad (al igual que la de las autoridades mexicanas), fue prohibirlos. En 2009 la FDA agregó los cigarros electrónicos a la alerta de importación 66-41, y ordenó a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de ese país que rechazara la entrada de estos dispositivos.

A pesar de esto, los esfuerzos de varias organizaciones entre estas la Consumer Advocates for Smoke-free Alternatives Association (CASAA), para que las autoridades regularan los cigarros electrónicos no cesó, debido a que estos dispositivos –sólo si así lo decide el consumidor– dispensan nicotina pero no las miles de sustancias químicas que provienen de la combustión de los cigarros convencionales.

Por este y otros varios beneficios, se han convertido en una alternativa para disminuir el consumo de tabaco tradicional. En este sentido, está comprobado que lo que hace tan tóxico tanto al tabaco como al humo que se genera de su combustión, son los cientos de químicos que contienen.

Estos químicos, y no la nicotina, son los que causan efectos serios en la salud, incluidas las enfermedades pulmonares y el cáncer, según explica el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos. Los cigarrillos convencionales liberan más de 7,000 sustancias químicas que junto con la nicotina, dificulta dejar de fumar, sostiene esta misma institución.

A lo largo de los últimos años en los que estos dispositivos han estado en el debate público, otros gobiernos han sido más abiertos a los beneficios que brindar estos productos.

Este es el caso de Reino Unido, en donde los cigarros electrónicos han sido reconocidos médicamente como una alternativa para dejar de fumar. Distintas investigaciones, como la llevada a cabo por el gobierno de ese país, han demostrado que los vapeadores y cigarros electrónicos son 95% menos dañinos que el cigarrillo convencional y que, a largo plazo, son una alternativa real que ayuda a las personas a disminuir el consumo de tabaco y a dejar de fumar.

En lo que respecta a la nicotina, ya desde 1983, la FDA había empezado la carrera para aprobar una lista de terapias de reemplazo para la nicotina (NRTs, por sus siglas en inglés), tales como parches, gomas de mascar, y pastillas, todos diseñados para ayudar a los adultos adictos a dejar de fumar al proporcionarles pequeñas cantidades de nicotina al cerebro.

Actualmente, esta agencia promueve el uso de estas terapias y sostiene que, cuando se usan correctamente, las NRT pueden duplicar la posibilidad de dejar de fumar con éxito para siempre.

Pero desde su introducción hasta su regularización en Estados Unidos, tuvieron que pasar varios años. Fue hasta 2014 que la FDA empezó a regular estos dispositivos como productos del tabaco. La autoridad emitió reglas para prohibir su venta a menores, exigir etiquetas de emergencia y, obligar a los fabricantes que informaran de sus ingredientes a la autoridad federal y que obtuvieran su aprobación para realizar su comercialización.

Ya con anterioridad y ante la falta de regulación de esta autoridad ante el tema, los estados de ese país comenzaron a hacer lo suyo. Los primeros proyectos de ley en ese país se introdujeron en 2009, permitiendo a lo largo de los años siguientes, que 25 estados y el Distrito de Columbia aprobaran medidas para regularlos.

Para 2013, Utah, Dakota del Norte, Arkansas y Nueva Jersey ya habían prohibido el uso de cigarrillos electrónicos y otros nueve estados decidieron incluirlos en la categoría de productos de tabaco.

Actualmente en ese país su importación y comercialización está regulada. La venta de estos productos está prohibida a menores de edad y, en 33 estados, aquel que desee vender este tipo de dispositivos necesita una licencia.

Hoy la postura de la FDA es muy diferente de como era en sus inicios.

Incluso en 2021 esta autoridad autorizó la venta de una marca de cigarrillos electrónicos, en específico la firma R.J. Reynolds, porque, reconoció que los datos que el fabricante proporcionó demostraban que sus productos con sabor a tabaco podrían beneficiar a los fumadores adultos adictos a que cambiaran a estos productos, ya sea por completo o con una reducción significativa del consumo de cigarrillos convencionales, lo que permitiría reducir su exposición a sustancias químicas nocivas.

En numerosas ocasiones esta autoridad ha repetido que la regulación de estos dispositivos parte del objetivo de querer prevenir consecuencias y problemas de salud que podrían acarrear productos de tabaco defectuosos, y de velar porque todos los cigarros y sistemas electrónicos de suministro de nicotina que se comercializan en el país cumplan con las normas de salud pública.

Y la legislación siempre trae efectos beneficiosos para la sociedad, porque la regulación del vapeo favorecerá la salud de los consumidores, al evitar la proliferación de un ‘mercado negro’ en el que puedan proliferar ‘productos pirata’ que pongan en riesgo, –incluso en riesgo de muerte– a quien los consuma.

El caso de Estados Unidos es la evidencia más cercana a México que permite observar la manera en la que, ante un dispositivo que ha demostrado sus beneficios tal como lo es el cigarro electrónico, el tiempo y los esfuerzos para legislar en la materia a la larga dan frutos y permiten la regulación por parte las autoridades.

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